jueves, 20 de diciembre de 2012

El movimiento como expresión en las artes visuales

Étienne Jules Marey



Ernest Gombrich se quejaba de que la representación del tiempo y el movimiento en las artes plásticas y en concreto en la pintura carecieran de estudios sistemáticos que detallaran este fenómeno. Por ello, hace una revisión de ciertas posturas que explicaban este hecho. Al primero que visita es a Lord Schaftesbury quien en su libro Characteristicks analiza la obra La elección de Hércules (1711) de Paolo de Matteis, donde explica que la sensación de movimiento viene dada por la idea aristotélica de representar el punto más dramático de la historia que de “libertad para mirar al pasado o al futuro”. Una idea cuestionada por Gombrich al considerar que esas pistas llamadas anticipación y revocación se pueden sugerir al pensamiento sin importar si es el punto más conmovedor de una historia.

Por otro lado, Gombrich revisa la perspectiva de James Harris quien considera que la pintura se debe restringir a la representación de un instante, a un solo punto de la historia sin hacer referencia a un tiempo pasado o venidero. Considera la separación del arte, uno para el espacio y otro para el tiempo. La pintura, según su visión, sería un arte del espacio y la forma. Una idea aceptada y apoyada en pleno siglo XVIII donde el arte se proponía ser espejo de la naturaleza hasta el advenimiento del grupo Romántico y posteriormente de la invención de la fotografía que cuestionaron esa disociación entre tiempo y espacio.

Eadweard Muybridge con sus experimentos de la cronofotografía va a confirmar las limitaciones del ojo humano y la imperfección del arte de la pintura en su deseo de querer ser un calco de la naturaleza. El inventor alineó una serie de cámaras en una pista de carrera de caballos en California de tal manera que al andar el animal tropezara con un fino hilo activando así el obturador. Los resultados de Muybridge guiaron no sólo a los artistas sino a los científicos que buscaban comprender el movimiento de los seres vivos, en especial, caballos, aves y personas. Sin embargo, hubo quienes consideraron que la ilusión radicaba era en la fotografía y la fidelidad en la pintura.

Étienne Jules Marey seguiría esta línea de investigación usando la fotografía como medio y comprobando detalles de la locomoción animal y humana. Considerado el padre de la técnica cinematográfica no alcanzó a ver el legado inimaginado que dejaría la fotografía: el cine.

A pesar de la apariencia, en el cine el movimiento también es ilusión, pues depende de varios factores: el movimiento de los seres vivos, el efecto de perspectiva, el manejo de la cámara, el montaje, la interacción de movimiento que se conecta directamente mediante el montaje. Este fenómeno es subordinado a la intención del director: cámara lenta, cortes bruscos, toma rápida, tipo de diálogo, música, etc. El movimiento, por tal razón, es una forma de expresión. Algo que intuyeron los pintores desde tiempos remotos y por lo que tanto se preocuparon y trabajaron. En este sentido, Gombrich aclara que es psicológicamente que uno crea el movimiento, pues no somos cámara y el efecto de nuestra memoria hace que sea imposible aislar del todo una escena y congelarla como si fuera posible vivir en un eterno presente que deja al margen huellas o pasos que se darán a continuación.

Gombrich, E. (1987) La imagen, El ojo. Madrid: Alianza.