jueves, 8 de septiembre de 2011

Louis Wain o todos somos gatos



My friend the prince


Louis Wain vivió 79 años, pero sus últimos quince años sólo conocieron las cuatro paredes de un manicomio. Allí, recluido, solo y con un carácter poco afable seguía haciendo lo que comenzó 59 años antes: dibujar y pintar. “Louis Wein no tiene biografía. Su obra es su biografía”. Entre el hombre que nació en 1860 y el artista que comenzó a dibujar en 1880 no existe línea divisoria, ambos se diluyen y se confunden a tal grado que ver los dibujos y pinturas de este autor inglés es ser testigo de una visión personal del mundo traducida en lenguaje pictórico y además ser espectador de un drama personal que lo llevaría a estar más de una década fuera del mundo establecido con sus normas y convenciones sociales y centrado en el único tema de su legado artístico: los gatos.

En primer lugar, Wein fue ilustrador de animales y escenas campestres y más tarde dibujante de cuentos para niños, temáticas que le daban el sustento y cierto reconocimiento. Sin embargo, hay dos fechas cruciales que modificarán su estado de ánimo y por extensión la forma de su trabajo visual: 1883 y 1907. En la primera fecha, a su esposa Emily Richardson se le diagnostica cáncer y muere tres años más tarde; en la segunda, emprende un viaje a Estados Unidos que termina en fracaso y sucede la muerte de la madre del artista. Ambos acontecimientos se unen por la aparición del fantasma de la ausencia, la pérdida es el corazón de estos dos años. Del primer suceso rescatamos su inclinación al mundo de los gatos ya que en el transcurso de la enfermedad de su esposa, fue Pedro, la mascota, un gato, quién los acompañaría en dramáticos días. Del segundo episodio vendría su inestabilidad mental. Así nacía una de las imágenes que ha dado de comer a centenares de psicólogos y psiquiatras: arte y locura, y en nuestro caso: gatos y esquizofrenia.

Los gatos ya eran parte fundamental de las obras de Wain, pero es a partir de 1910 cuando comienzan a evidenciar notables transformaciones. Muchos han tomado estas mutaciones como ejemplo de un avance de la esquizofrenia en el autor y otros para comprobar aquel viejo binomio entre arte y locura. Sin embargo, es imposible aprobar del todo ese matrimonio entre creatividad y enfermedad mental, caer en eso es generalizar y ya sabemos lo que esto significa. En el caso de Wain es evidente y no tiene nada que ver con las posturas del arte de vanguardia de principio de siglo XX quienes exaltaban la locura, la bestialidad, el culto al primitivismo o el azar. Lo que ellos buscaban eran nuevos lenguajes e inéditos temas, crear una revolución social, moral y estética y eso estaba planeado.


Wain sin quererlo, o a causa de su padecimiento hizo ver a una estirpe, la de aquellos autores que con visible u oculto desorden mental o afectivo deciden separarse de una tradición en favor del conocimiento de sí y, en ocasiones, ser pioneros de caminos alternos. Los motivos más hondos los desconoceremos, pero habrá que considerar aquellas intensas y obsesivas visiones personales del mundo que dejan de lado lo conocido, que no interesa. Wein antes de su crisis más fuerte ya había elegido un camino distinto, el de los felinos y ahí depositó su obsesión plasmada en su obra. Se separó del mundo y se aferró sólo a un marco de referencia. El no poder sobrellevar los golpes que vienen con la vida lo que hizo fue acentuar el escenario escogido para desarrollar su trabajo visual y comentar la voz de sus emociones. Esa fue su vida, su extraño, intenso y bello legado.






2 comentarios:

Alfredo dijo...

Un artista sobre el que no tenía ninguna noticia. Un descubrimiento de un artista marcado, como tantos otros, por aconteceres vitales que terminaron por afectarle muy profundamente. Los gatos siempre han sido animales muy misteriosos.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Está profundo el post sobre este artista de gatos que desconocía. Por ser yo un amante de estos seres peludos, me dedique a revisar algunas páginas que hablan sobre Louis Wain. Muchos lo catalogan de haber sido un “niño enfermo y solitario”, un “hombre amante del arte y de los animales”, y un “hombre esquizofrénico”. Son tantos motivos que ni viendo todas las obras podríamos entrar en la mente de Wain para saber realmente porque la transformación de su obras, especialmente la expresión de una historia gatuna.

Considero que todos tenemos momentos fuertes. Mientras que unos saben soportar el dolor, la ausencia o las frustraciones que se presentan, otros simplemente intentan plasmarla en las letras, la música, el cine, la pintura, es decir, el arte en todo su ámbito.

No obstante, como dijo alguien “en esta vida se es de perro o de gato, del Madrid o del Barcelona, de fútbol o de baloncesto, de lluvia o de sol…”. En el caso de Wain, un felino despertó en él un interés casi obsesivo, por su infinidad de representaciones pictóricas. Es increíble la evolución de su obra, pues es la visión de su vida, y de lo que percibía del mundo.

Los gatos han aliviado el dolor de almas atormentadas que buscan un refugio. En Louis Wain el recuerdo de su amada lo expresó en sus primeras obras felinas, donde la luz irradia en ellas, en los gestos exagerados de una sonrisa gatuna, de gatos con comportamientos humanos, con el fin de que en una temporada larga de dolor, él pudiera disfrutar de la sonrisa de su amada al ver sus trabajos, donde Peter era quien les enseñaba otro mundo que desconocemos, pero que disfrutamos al tener su compañía.

Dentro de las normas establecidas por el mundo se catalogan a estos seres con problemas psicológicos, esquizofrénicos o locos. La verdad es que los mejores artistas y escritores son reconocidos por obras que han sido expresadas en momentos de locura, depresión, soledad y dolor. Así lo podemos encontrar en las obras de Poe o Lovecraft. Eso es el arte, de todo un poco. Quizás Wain era el más cuerdo de todos en su propia locura y arte.

Creo que a veces necesitamos apartarnos un momento de la realidad de este mundo, vivir, sentir el delirio y la locura; porque dentro de ella el miedo desaparece queda en un segundo plano, donde no importa lo que pase o diga el mundo. Pues el mundo a veces en su propia “cordura”, parece ser transitado por seres inertes o máquinas ambulantes.

Gracias por compartir esta historia y resucitar a Wain en tus letras.

Pd.: Me hizo recordar la loca de los gatos de Los Simpson jeje…. y el muro de gatos de Bahía.
También me trajo recuerdos de la historia del Troll de Moiseeff.

Gatófilos al ataque.

Miau miau…
Ligia