domingo 12 de abril de 2009

Sergio Gorostiaga: la demora






Por medio de una escritura que se ha despojado de los signos de puntuación, de los títulos y de las vistosas letras mayúsculas Sergio Gorostiaga abre con esa estructura las puertas a un río breve y cristalino capaz de reflejar en su fluir apasionado una parte de su existencia, signada, sobre todo, por una conciencia punzante del paso atropellado del tiempo. la demora (Buenos Aires, Libros de Tierra Firme, 2001) es un poemario que atiende ese fenómeno y, lógicamente, otros motivos cultivados comúnmente en la tierra de la poesía. Los efectos que conlleva la presencia de un tiempo afanoso, como es de suponer, abordan gran cantidad de páginas, lo que nos trae, por extensión, una voz afectada que habla de ello y, además, de algunas obsesiones de la literatura y de la vida: la soledad, el (des)amor y la incertidumbre.



Siguiendo la pista que arroja el título del libro nos encontramos con un poema que termina de abrir el significado para el enunciado del mismo. Son versos testimonio de una fractura de la armonía que arribaría en caso de tener un tiempo presente o futuro menos gris y más pletórico de sentido: “(…) sin nada más hoy / sin nada más / los huesos sometidos / al castigo / de demorarme tanto” (p.51). Desde cierta perspectiva la primera parte del libro parece rondar bajo esta atmosfera de insuficiencia, registrando una intimidad marcada por cierto grado de incertidumbre y viendo, por ende, la fragilidad física y emocional que nos protege en el camino de la existencia. Algunos fragmentos pueden ayudar a ilustrar esta idea: “breve mi eternidad / todo breve” (p. 17); “apenas sujete la vida / soy / lo que rocé sin darme cuenta // un soplo de sol en la cara / y el paso de los días / como parpadeos” (p.21); “la vida debe ser más que este momento / más que el paisaje y estas sombras / repitiendo que todas las cartas de amor son absurdas, / ver pasar los días como quien mira / la gente y las casas y los árboles / desde el tren tan rápido no sé muy bien adónde” (p.59).



Si el poema que declara directamente la demora de un proyecto de vida sirve de núcleo y le da coherencia a la primera parte del libro, existe otro escrito con una naturaleza similar que apunta su luz a otra zona (o herida) de este poemario, es decir, de cierta amarga experiencia adquirida por el autor. Es un poema dedicado a Pablo:



el pronóstico decía parcialmente húmedo y nublado
vientos leves a moderados del sudeste
doce grados de máxima ocho de mínima
y en el horóscopo se podía leer textualmente
probable propuesta de un viaje corto, piénselo,
el treinta y uno de julio de mil novecientos setenta y seis
hace veinte años que según el tango
son nada algunas de estas cosas
te estaban destinadas en el diario, no olvidamos
ni perdonamos, te recuerdan siempre tu mamá
sergio y claudia”
(p.39)



El núcleo, aparte de la obvia voz dolida, radica en la fecha del poema: 1976. Sin duda una fecha como una cicatriz en la historia Argentina. Una época testigo de la extensión sombría de Jorge Rafael Videla por la nación argentina con todo el horror de un gobierno sanguinario. En otras palabras, la pesadilla del terrorismo de estado en ese país siendo una de sus armas la intolerable represión que haría desaparecer (junto a otros miles) a quién el autor dedica el poema, a su hermano, a Pablo. De allí que esta forma de comprender y hacer poesía se torne un refugio donde encajan amistosamente un desahogo y una postura política: “la tarea de descifrar tu muerte” (p. 69); “vendo una verdad venida a menos / (…) una justicia muerta” (p. 71).



Como señala Daniel Freidemberg en la contraportada del libro “formas de la ternura o la incertidumbre arrojadas a una prueba de fuego, la escritura, que viven la pequeña felicidad de hacerse palabra”. Y es que resulta inevitable el nacimiento de la ternura ante cualquier panorama humano, sobre todo si se dibuja con tanta sinceridad; inclusive con tanta confusión o soledad como se perciben en algunas áreas del escenario donde se desarrolla la demora: “algo que produzca razón / al despertar” (p.25), o también, “fantaseaba / la noción de tenerte de mañana” (p. 73). De esta forma una de las virtudes del poemario se manifiesta por medio de un testimonio claro de un mundo cicatrizado tanto por un camino empinado que de cuando en cuando se abre como única ruta personal y también por un contexto político atroz capaz de sembrar un drama con difícil posibilidades de dejarse de lado sin marca alguna. Un testimonio abierto que triunfa sobre lo velado que puede tornarse un poema.



Dejo acá un par de poemas:

guardé restos de una pasión perdida
di algún sentido a la vida mientras pude
y admití que todo puede continuar sin mí girando
he pedido disculpas y hasta me he perdonado
procuré asombrarme cerca del asombro
pregunté cómo son las cosas
cuando no las miramos


_____________________________________

hay días que no sé qué espero
parece extraño pero hay días en que me siento
y me pienso y no sé lo que espero
no sucede a menudo pero admito que hay días
en que salgo a la calle y me miro los pies
para confirmar que llevo la cabeza
busco una señal hasta en las cosas que conozco de memoria
como el padrenuestro que no rezo
casi todas las noches me atrapa la ilusión
de una palabra que cuido como promesa de amor
pero confieso que hay días en los que abro
la puerta de mi casa y todo está
tan a la vista que no sé

4 comentarios:

e. r. dijo...

Hola, jairo
me gustan mucho tus reseñas. Este autor no me sonaba en absoluto, pero a partir de hoy está para mirar. El poema carta, 1976, me recuerda, aparte de hacer sentir un no sé qué, a un poema de quasimodo, aquel que es una carta a su madre que está vieja y pobre o se morirá pronto. la emoción que me hizo sentir quasimodo la sentí en este poema. esero encontrar algo del tipo alguna vez. saludos

Destructor de mentiras. dijo...

Conchale buena reseña!!
bueno gracias por pasar por alla, yo pasare mas por aca.

Saludos.

Jairo Rojas dijo...

hola e.r, no sabía nada de esa carta, pero por lo que hablas del contenido debe ser imposible no conmoverse. Gracias por la visita

Destructor: gracias por sus palabras y nos estaremos visitando. saludos

Anónimo dijo...

Jairo, un agradecimiento enorme por acercarme la voz de Sergio Gorostiaga, a ese libro que leí y que hoy vuelve a mi emoción a través de tu blog. Un abrazo. Sandra Papadópulo