sábado 4 de abril de 2009

Antonio Briceño y el rostro de los dioses







El fotógrafo venezolano Antonio Briceño es el autor de la serie Dioses de América: Panteón Natural (2007). El nombre del trabajo de inmediato nos acerca al perímetro que posee la propuesta tanto en lo temático como en lo geográfico: acercar en una fotografía la cosmovisión de unas comunidades originarias determinadas. Esta serie abarca una colección de retratos que intentan recrear dioses de diversos pueblos del continente americano. La imagen, por tanto, posee carga simbólica y documental a un mismo tiempo. De allí que el personaje, lo mismo que el contexto donde desarrolla su cotidianidad responda, entre otras cosas, a una intención de ilustrar la riqueza cultural y pluralidad de estas tierras americanas.

Los protagonistas de estas imágenes son dos: la persona y el paisaje. Por un lado, la persona porque evidentemente concentra gran parte de la propuesta de Briceño a través de la acentuación externa de su tradición y su identidad, sus peculiaridades y su mirada al mundo. La unión de todos estos rasgos favorecen la misión de recrear una imagen de deidad, o lo que sería una aproximación a un retrato del protector y dador de favores para ciertas comunidades.

Por otro lado, tenemos el ambiente, es decir, el paisaje como refugio de esta divinidad. La naturaleza tiene la facultad de ser el complemento de éste dios en virtud de un tratamiento donde refuerza el aire mítico y enfatiza a su vez una diferencia con el mundo occidentalizado: tecnológico y político.

Quizá la distinción más llamativa de la serie se percibe en las singularidades lógicas de cada pueblo. Aquí el paseo geográfico y cultural nos ubica en: Huichol (México), Kuna (Panamá), Kogui y Wiwa (Colombia), Quero (Perú), Kayapó (Brasil), Wayuu, Piaroa, Pemón, y Ye´Kuana (Venezuela). A pesar de ello, son las semejanzas (sobre todo en el campo de las creencias) entre cada uno de estos pueblos las que forman el cuerpo coherente de la propuesta, el cual, como es razonable pensar, contribuye a la recreación de un ambiente mágico. No obstante, la humanidad que cubre cada personaje no queda relegada, incluso parece asociarse armónicamente con el don de encarnar un elemento de la naturaleza. Como es de suponer en el rostro recae toda esa expresión que a pesar de la quietud es capaz de iniciar una historia.

La muestra también se apoya en la simetría de la composición, los colores tanto de la vestimenta como del ambiente siguen éste orden y generan la coherente estructura que le da solidez a toda la serie. Son rasgos a tener presentes porque también invitan a no aceptar del todo el término documental, pues la fotografía acá se moviliza con los viejos resortes de la pintura: esta premeditada, pensada, construida y ficcionada. El fotomontaje es el medio para lograrlo y, sin duda, la diferencia. No obstante, gracias a este recurso se lleva a cabo los dos sentidos de las fotografías: la construcción estética y la valoración de un detalle cultural de todas estas comunidades que se desenvuelve en el continente que pisamos.

Sin esa peculiar construcción de la imagen no puede haber presencia del “otro”. Sin embargo, se pone de manifiesto cierta familiaridad a través de la fisionomía típica y cercana, el tipo de ambiente (aunque parezca idealizado) y alguna creencia opacada actualmente por la virtualidad con respecto al mundo natural.

El panorama que busca el fotógrafo Briceño se inclina por rescatar una serie de comunidades, a través de una iconografía muy personal, del marginamiento a las que generalmente se arrastran. Para esto el autor cuenta con la doble arma de su técnica: la documentación y la ficción. Unidas nace y camina la serie Dioses de América y, sobre todo, componen un camino valedero para el arte. La posmodernidad no niega el pasado, lo reinterpreta o lo rescata como lo hace el señor Briceño, alimentando, enriqueciendo y estétizando el área del documento.

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imagen 1: Mry-kaak. Hombre-anguila. Cultura Kayapó, Brasil, 2006
imagen 2: Tewímako. Dueño de las piedras, cultura Kogui, Colombia. 2004
imagen 3: Anemey. Dios de las aguas y la purificación, cultura Piaroa, Venezuela. 2003