miércoles 25 de marzo de 2009

Lulacruza: la música del paisaje



Cuando uno escucha Lulacruza es necesario abrirse a un ámbito donde la música electrónica, el ruido de un ambiente natural, la experimentación sonora y el ritmo de costumbres y de folclor latinoamericano representan, en conjunto, un lenguaje protagonista y cautivador. Este dúo conformado por Alejandra Ortiz (Colombia) y Luis Maurette (Argentina) busca en su música crear escenas y ambientes con un explicito acento natural y “primitivo” a través de un acercamiento oportuno a la herramienta tecnológica capaz de manipular cadencias y de asociarse al rescate y valoración de ciertos sonidos latinoamericanos que aún se cierran a eclipsarse.


Como sucede con muchas tendencias del arte contemporáneo la música de Lulacruza es la viva imagen de una estructura donde la mezcla y el derrumbamiento voluntario de las fronteras es el núcleo que la sustenta y le da forma. No es de extrañar si tenemos, por un lado, el fácil acceso a las manifestaciones culturales de otras latitudes por medio de los medios masivos (Internet sobre todo). Este hecho abre vastas posibilidades para apreciar y estudiar otras miradas -inclusive en el mismo territorio- y también las distintas maneras de llegar a representarlas. Por otra parte, existe la invitación abierta a experimentar sobre un lenguaje común como lo es la música electrónica con otro tipo de melodías o sonidos capaz de generar un concepto y unos efectos específicos sobre el oyente.


Esta agrupación el año pasado (2008) sacó a la luz su segundo trabajo discográfico bajo el título de Soloina. Un trabajo que tiene ecos de su primer disco Do Pretty! en tanto que se proponen a crear paisajes melodiosos por medio de sonidos aislados, comúnmente extraídos de ámbitos naturales y hasta rituales que no apuntan a ningún placer musical, pero que se agrupan armónicamente dentro de un contorno de manipulación tecnológica, de una base rítmica, generando así un ambiente sonoro y sosegado de probable identificación en cuanto a habitantes de un continente con ciertos rasgos comunes.


Teniendo en cuenta esa manera de construcción musical es normal pensar en la Música Concreta, es decir, en Pierre Schaeffer y John Cage, es decir, en la composición como concepto. Sin embargo, se traza visiblemente una diferencia con respecto a Lulacruza que se aleja conscientemente del ruido y del azar como protagonistas de la composición. De hecho, con este dúo -y ejemplificado en el disco Soloina- asistimos a temas que no dejan de lado la construcción meditada de un paraje estético además de memorial.


Con Soloina se pone de manifiesto una música alternativa latinoamericana a través de los lentes usados por los géneros sonoros contemporáneos, sin caer en ser sombras de patrones exportados como el Ambient, la Música Concreta e incluso el New Age; llegando, por tal razón, a la difícil ubicación y clasificación de su estilo. Incluso se puede hablar de un notable enriquecimiento y aporte a los géneros musicales recientes por medio de propuestas como la de Lulacruza capaz de hacerlos sobresaltar a tal punto de llevarlos a otros significados.


Les dejo acá los enlaces donde pueden escuchar la música de este dúo, la llamativa música del paisaje:



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foto por may-li khoe

3 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

Jairo, ¡qué fácil es perderse en la magia musical de estos tipos! la pieza Caracoles me pareció particularmente hermosa con su letra irónica y circular.

Gracias por un bello entremés que, de no venir recomendado, no lo habría conocido.

Jairo Rojas dijo...

Alexander curiosamente Caracaoles es una de mis piezas favoritas; ese conjunto de letra (sobre todo como la canta) y ese ruido constante definitivamente lo hace entrar a uno en un ambiente enrarecido, pero mágico.

DoctorMente dijo...

¿Sabe por qué no podría soportarla?